Trauma psicológico y confusión diagnóstica: identidad, adaptación y secuelas

Flor creciendo entre baldosas como metáfora del trauma psicológico y la confusión diagnóstica

Trauma psicológico y confusión diagnóstica:  identidad, adaptación y secuelas

Claves para comprender las secuelas del trauma, evitar diagnósticos simplistas y atender al funcionamiento único de cada persona

El trauma psicológico y sus secuelas —ya sean cognitivas, emocionales o corporales— no siempre se reconocen fácilmente, y pueden dar lugar a cierta confusión diagnóstica.

En muchos casos, lo que en su origen fue una respuesta de adaptación o supervivencia acaba confundiéndose con rasgos de personalidad, con dificultades propias o incluso con diagnósticos. Esta relación entre trauma psicológico y confusión diagnóstica puede generar malentendidos tanto en la forma en que la persona se percibe a sí misma como en la manera en que se acompaña su proceso.

A lo largo de este artículo, revisamos algunas de estas confusiones frecuentes, poniendo el foco en diferenciar entre identidad, secuela, condición y adaptación del sistema nervioso, para poder afinar la comprensión y el acompañamiento terapéutico.

 

1. No eres tu trauma psicológico: la confusión con la identidad

La persona confunde las secuelas con su identidad: «siempre he sido una persona retraída, es mi naturaleza».

Desde un análisis traumático, puede que la persona siga encogida ante situaciones grupales debido al trauma social que padeció en el instituto.

Con lo cual, el retraimiento social sería:

  • una secuela a subsanar
  • no una identidad inalterable
  • un aprendizaje de origen traumático

 

Es muy frecuente que confundamos una secuela traumática con un rasgo inalterable de nuestra personalidad (por ejemplo, pensar: “nací tímido y moriré tímido”).

Sin embargo, un retraimiento constante suele ser:

  • un aprendizaje derivado de experiencias pasadas dolorosas
  • no una condena genética

 

Gracias a la neuroplasticidad, nuestro cerebro tiene la capacidad de cambiar si le proporcionamos experiencias nuevas.

Reconocer que la desesperanza o el miedo son secuelas —y no nuestra identidad— nos abre la puerta al crecimiento personal y a recuperar o aumentar nuestra seguridad.

La seguridad y el despliegue personal en las relaciones se pueden cultivar antes de ser nosotros mismos los que nos limitemos y nos sentenciemos.

Quizás esa desesperanza de cambio individual sea, en sí misma, otra secuela traumática.

Como ya hemos comentado, el papel de la neuroplasticidad es muy importante, ofreciendo la posibilidad a nuestro cerebro de cambiar si le damos experiencias nuevas o distintas.

La parte científica del asunto psicológico, al fin y al cabo, nos permite creer en el cambio y en el crecimiento personal.

 

2. Trauma psicológico y confusión diagnóstica: el peligro de los diagnósticos erróneos

A menudo, en las consultas de salud, se confunden las defensas de supervivencia de un sistema nervioso desregulado con diagnósticos clínicos.

Por ejemplo, un falso TDAH: síntomas como la hiperactividad o el déficit de atención pueden ser, en realidad, hiperactivación simpática y un estado de alerta constante, originados por un trauma de apego o como secuelas de experiencias traumáticas anteriores.

Esto no significa que el TDAH o el TEA no existan. Significa que, en algunos casos, lo que se observa no es necesariamente una condición de neurodivergencia, sino una respuesta adaptativa del sistema nervioso ante experiencias o contextos desreguladores.

Al mismo tiempo, también puede ocurrir lo contrario: que el especialista en trauma interprete como secuelas traumáticas unos síntomas que, en realidad, responden a una condición propia de la diversidad del neurodesarrollo.

En estos casos, pueden confundirse:

  • sobrecargas sensoriales propias de la neurodivergencia
  • con respuestas traumáticas (como un flashback)

 

Además, es importante diferenciar estas situaciones de aquellas que sí pueden entenderse como trastornos mentales, donde el sufrimiento psíquico está más directamente relacionado con experiencias de desarrollo, vínculos y procesos de adaptación.

En muchos de estos casos, los llamados trastornos mentales pueden comprenderse como formas en que el sistema nervioso se ha organizado para sobrevivir a experiencias tempranas, especialmente en contextos de trauma del desarrollo.

Por eso, es crucial huir de las etiquetas globales y simplistas, y priorizar siempre la historia biográfica y el funcionamiento mental único de cada individuo.

Es importante hilar muy fino antes de etiquetar.

Existen casos en los que algunos profesionales de la ayuda realizan un mal diagnóstico y el cliente, desde su inocencia legítima —no es un especialista y acude a quien se supone que puede ayudarle—, incorpora ese diagnóstico erróneo que condicionará su vida.

Es habitual que se confundan defensas de supervivencia con diagnósticos clínicos.

Muchos “trastornos” pueden entenderse, en determinados casos, como un sistema nervioso desregulado tratando de sobrevivir.

La experiencia humana es compleja. 

Por eso, resulta crucial individualizar el diagnóstico y el tratamiento, dando absoluta prioridad al funcionamiento mental único de la persona por encima de una etiqueta global que simplifique su realidad.

Existe una responsabilidad social importante en centrarse en el individuo y su biografía en el momento de diagnosticar, porque muchas personas se encuentran perdidas en los sistemas sanitarios y psicológicos, recibiendo tratamientos poco ajustados a su singularidad y a sus síntomas.

Cada persona es única.

 

3. El trauma psicológico como escudo y la trampa de la evitación

Otro fenómeno que también se da a veces es que algunas personas se escudan en su trauma y lo usan para justificarse:

«debido a mi familia, que son muy irónicos, a veces se me escapa y me meto con alguien».

Y lo hacen en lugar de reconocer su responsabilidad individual: que les cuesta trabajo contenerse y que descargan su ansiedad “chinchando” a los demás.

La dinámica de esconderse detrás de las secuelas —«debido al bullying escolar he decidido no exponerme a situaciones sociales»— es peligrosa.

Al registrar una secuela, se debe cuidar la herida que existe detrás y acompañarse con ternura y atención en las situaciones sociales.

Pero si se apuesta por un exceso de evitación:

  • la herida no se oxigena
  • no podrá cicatrizar
  • no sanará

 

Se trata de diferenciar:

  • la evitación sana, que nutre el autocuidado y cuida de las heridas.
  • de la evitación de lo desagradable, de una sobreprotección que no permite el crecimiento individual.

 

4. Pseudotrauma colectivo: la fobia a lo desagradable

En la sociedad actual se está creando un pseudotrauma colectivo, que surge de evitar lo desagradable a toda costa —ya sea con tecnologías, comodidades, ocio, etc. –.

De este modo, y en especial las generaciones actuales —aunque esta tendencia a sobreevitar lo desagradable ya viene de lejos—, están desarrollando una fobia a lo desagradable y poca capacidad de sostener el malestar o lo difícil.

Esto generará que muchos adolescentes y jóvenes, al ser adultos, tengan una gran dificultad para gestionar lo incómodo y lo difícil.

Se traumatizará su relación con lo desagradable y aumentará el rechazo a estas experiencias, cuando “sencillamente” deberían aprender a transitarlas y gestionarlas. Por ejemplo el ser rechazado, es una experiencia humana que existe, la cuestión es cómo se gestiona.

En favor de lo “agradable”, se crean dificultades para habitar:

  • lo desagradable
  • e incluso lo neutro

 

Y entonces, lo desagradable se vuelve aún más desagradable.

Pero la realidad, a nivel experiencial, es que en la vida existe:

  • lo agradable
  • lo neutro
  • lo desagradable

 

Y siempre será así.

De hecho, una de las misiones de los padres y madres —de los primeros cuidadores— es enseñar a su hijo o hija a transitar lo incómodo o desagradable: levantarse a las siete de la mañana para ir a la escuela, lavarse los dientes sin ganas, ir a un examen de piano con miedo o decir que “no” a un amigo.

Este aprendizaje debe hacerse sin negar que es algo desagradable o incómodo y sin obsesionarnos con que lo es. Todo ello no es una tarea fácil, hay asignaturas dificiles en la vida..

Al vivir, la cuestión no es eliminar lo desagradable, sino aprender a gestionarlo de un modo que nos permita transitarlo de forma más llevadera y menos ansiosa, oscura o dramática.

Se trata de no negar lo desagradable, para poder transitar la experiencia de un modo más sano.

Debemos aprender a pasar por los túneles de la vida.

 

5. Reconocer las desconexiones encubiertas: Una una secuela del trauma psicológico

A veces invitamos a los demás a la disociación y a la desconexión emocional:

“cuando estoy enfadado hago un poco de footing y se me pasa”;
“hacer mandalas hace que me olvide de todo”;
“es ley de vida que la gente muera, debes pasar página y ser estoico”.

Y lo hacemos desde la buena intención. No queremos que el otro sufra.

Pero, en lugar de profundizar en la experiencia, evitamos poner luz en ella. Evitamos poner luz en lo difícil, lo desagradable y lo incómodo, y con ello también evitamos la parte dolorosa de la vida y aquello que necesitamos comprender.

Se trata de no saltarnos:

  • lo doloroso
  • lo incómodo
  • lo que necesitamos aprender

 

Lo doloroso del vivir no hay que evitarlo, pero tampoco obsesionarse con ello.

Sencillamente, por ejemplo, poner luz a la tristeza permite ver que la pérdida da conciencia de amor y de lo que valoramos, y poner luz al enfado da conciencia de una necesidad o de lo que necesito defender.

Después de esa luz, es cuando puede aparecer:

  • la gratitud genuina
  • el movimiento (como hacer deporte)

 

Pero ya no como huida del dolor, sino como conexión.

 

Trauma psicológico, sistema nervioso y psicoterapia

Toda terapia trabaja con el sistema nervioso de la persona.

Conocerlo y aprender a gestionarlo es fundamental. Más allá de la etiqueta diagnóstica, debemos saber cómo funciona, qué ajustes son posibles y cuáles no.

Ser conscientes de estas diferencias puede cambiar tu historia, y abrirse a nuevas posibilidades de cómo vivir tu vida.

Comprender la relación entre trauma psicológico y confusión diagnóstica permite acompañar con más cuidado, evitando reducir a la persona a una etiqueta o a una respuesta adaptativa que tuvo sentido en su historia.

Si este artículo resuena contigo y quieres explorar cómo estas respuestas se han organizado en tu historia, en Gestalt Salut podemos acompañarte desde una mirada integrativa, corporal y respetuosa con tu proceso.

Puedes contactar con nuestro equipo para valorar el tipo de acompañamiento más adecuado para ti.

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