Tiempo de digestión

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Tiempo de digestión terapéutica

infografía terapia gestalt con iconos de freepik
Infografía sobre Digerir lo que recibo en terapia

En nuestra vida cotidiana podemos tragar lo que nos pasa, sin masticarlo, o bien darnos un espacio íntimo para masticar y digerir. Lo mismo sucede en un contexto terapéutico: como clientes hemos de poner atención sobre qué hacemos con lo que recibimos de la terapia, una cuestión fundamental para afianzarnos como personas.

 


Diferencias entre «tragar» y «masticar» en la terapia

Hace poco en uno de nuestros talleres de la formación Gestalt, Cuerpo y Movimiento, durante la realización de unas prácticas, se realizaron terapias mutuas, es decir un compañero hacía de cliente y otro de terapeuta. A posteriori del ejercicio se realizaban dos círculos, uno de clientes y otro de terapeutas.

Es interesante el testimonio de una de las personas que compartió su experiencia en la rueda grupal de clientes, dice así:

“…Viví como hecho muy interesante los círculos de pacientes. Yo llevo siendo clienta 5 años. Y a veces no sabía si estaba de acuerdo con lo que habíamos realizado. Esta vez no estuve de acuerdo con el ejercicio que me habían propuesto y dije que necesitaba otra cosa. Esto me dio fuerza y me hizo sentir contenta y con poder” K. C

A partir de este testimonio, a continuación comparto contigo unas reflexiones sobre la «digestión» de lo que vivimos en terapia: podemos tragar sin masticar, o bien darnos un tiempo para reflexionar con nosotros mismos lo que recibimos desde afuera. 

¿Qué pasa después de una sesión terapéutica?

Después de una sesión terapéutica, el cliente tendría que darse un espacio íntimo para digerir lo recibido, como unos veinte minutos. Este es un espacio para masticar y discriminar aquello nutricio, que necesitamos/deseamos tomar, de aquello que (por el motivo que sea) no nos encaja o no acabamos de ver claro.

Este espacio para procesar la información recibida es importante para no volver a tragar nuevos conceptos, ideas, actitudes… que no vivimos como afines a nosotros mismos, y poder metabolizar lo recibido para hacerlo nuestro.

Si no, se reproduce una situación de vida en la cual «introyectamos» cuestiones ajenas sin metabolizarlas desde nuestro ser genuino, sin escucharnos.

Acerca del concepto de «introyecto» en la Terapia

En la introyección, la persona  incorpora elementos dentro de sí misma que le son extraños a ella. Este material externo puede ser actitudes, patrones de comportamiento, ideas, creencias  y valores que no son realmente suyos y que, si se detiene un poco, no los vive como afines.

Este mecanismo es útil en la crianza, donde el niño/a necesita mapas para orientarse en el vivir y necesita incorporar información ajena externa. Después, en su desarrollo, el madurar implica desarrollar un autocriterio, masticar lo introyectado y quedarnos con lo nutricio.

Digerir pasa por no tragar elementos extraños a nosotros, y por masticar lo que recibimos del mundo y de los demás. Incorporar de forma pasiva lo que el medio ofrece no es nutricio para desarrollar un autoapoyo.

 


Un espacio de digestión facilita asimilar lo externo y expulsar lo tóxico, para afianzar nuestro ser desde adentro hacia fuera. 


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